Kubo Mitsurō

Yo elijo a Kubo Mitsurō porque es una de mis mangakas favoritas y según  mi parecer ella tiene un estilo de dibujo único y hermoso.

久保 ミツロウ, Kubo Mitsurō nació el 19 de septiembre de 1975. Actualmente tiene cuarenta y dos años de edad y su sangre es tipo A. Ella creció en Sasebo, prefectura de Nagasaki, Japón. Ahí desarrolló un gran fanatismo por los mangas después de leer “Asari-Chan” y “High School! Kimengumi” y se decidió a ser mangaka. Debido a eso, comenzó a participar en diversos concursos de dibujos en sus años de escuela. Finalmente, debutó en 1995 como artista para “Shiawase 5 Han”.

Hoy en día cumplió su sueño y es una famosa mangaka. Entre sus obras se destacan:

3.3.7 Byooshi

Again!!

Moteki

Tokkyuu!!

y su más reciente obra Yuri!!! On ice la cual luego fue pasada a un anime.

Apariciones y entrevistas

Esto es una traducción de la aparición de Kubo-sensei en Yuri!!! on RADIO el 26 de diciembre.

Toyonaga (Toshi) y Uchiyama (Ucchi) comienzan a hablar brevemente de la serie. Acerca de cómo el tiempo parece volar, y acerca de cuán largas fueron las sesiones de grabación. También se dialogó sobre  cómo todavía se siguen aprendiendo cosas nuevas en el episodio final. Y, por supuesto, acerca de cómo Yurio ganó (Toshi: ¡Felicidades! ¡Pero tan malditamente frustrante!). Finalmente le dieron la bienvenida a Kubo-sensei en la radio. Ella hace una gran entrada, como se espera de una “pro” de la radio (ella solía ser anfitriona del programa de radio All Night Nippon, unos años atrás). Ya que ella ha estado escuchando Yuuri!!! on RADIO, está muy feliz de finalmente ser una invitada. Luego comienzan a hablar del final de la serie.  

Kubo: “En el GPF, Yurio obtiene el récord mundial en el programa corto, mientras que Yuuri obtiene el récord en el programa libre. Y, por supuesto, son las mejores marcas personales para ambos. Pero el récord mundial por el total aún es de Viktor”.  
Toshi: Entonces Yuuri y Yurio, cada uno superan a Viktor en un programa, pero aún tiene que alcanzarlo en la puntuación total.

Kubo: Y luego los ves decidiendo continuar patinando… Viktor regresa, y están en San Petersburgo, ¡y Yuuri está ahí también! Pero lo que está por delante de ellos es “desconocido”. “DESCONOCIDO” (dice “desconocido” en inglés ambas veces, por lo que Ucchi está como “¿por qué en inglés tan de repente?” (risas)).

Luego Ucchi trae a colación el cómo recibieron los “nombres” (en un storyboard, [o guión gráfico, que se suelen preparar antes de las páginas definitivas en un manga]) que Kubo-sensei dibujó, ella observa que sólo se han vuelto más y más largos, como, al principio, eran sólo alrededor de 70 páginas de largo, pero el episodio final fue algo de como 120-130 páginas de largo… ¡Es sólo que tenían tantas cosas que querían incluir, pero incluso entonces,  había sólo demasiadas cosas! Entonces la gente a cargo del storyboard básicamente tuvo que cortar material en algo que encajara dentro del tiempo de ejecución estándar del episodio.  

Foto de el anime de yuuri!!! on ice

  • CURIOSIDADES•

Kubo-Sensei (forma de los fans de decirle a Kubo Mitsurō) sorprendió a la patinadora artística rusa Evgenia Medvedeva con un dibujo de ella y Víctor sosteniendo una pancarta de yuri como si estuviesen alentándolo.

El dibujo original de Kubo Mitsurō.

Kubo Mitsurō sacó un juego de Yuuri on ice!!! Y subió el aviso en la pagina del fandom en Twitter.

Fuentes:

http://es.yurionice.wikia.com/wiki/Kubo_Mitsurou

https://www.google.com.ar/amp/s/karice.wordpress.com/2016/12/28/p544/amp/

https://www.koi-nya.net/tags/mitsurou-kubo/

https://mobile.twitter.com/jannymedvedeva/status/799351674049531904

Biografía no autorizada

Luisina Segura

Primer Año

 

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Mariposa chiquita

Había una vez en un lugar, lejos de la humanidad, una mariposa gigantesca que se llamaba Lisa y que vivía en una flor enorme. Todos los días un grupo de mariposas chiquitas venía y se reía del tamaño de Lisa. Siempre la mariposa estaba triste porque quería ser chiquita también. Una vez, ella se enojó y dijo en voz alta: “Basta! No me gusta!”. Pero no cambió nada.

Un grupo de tortugas vino y dijo: “Mariposa, ¿nos haces un favor? Tenemos que llegar rápido a la casa de una amiga que está muriendo! Eres muy grande, ¿nos podes llevar ahi?”. Lisa rió y cabeceó felizmente. Las tortugas levantaron al cuerpo de la mariposa y ella voló hasta la casa. “Muchas gracias mariposa! Eres genial!”.

Desde ese día Lisa era feliz con su tamaño y cuando el grupo de mariposas vino, ella solo rió.

Christina Staudenmann

Tercer Año.

Estudiante de intercambio.

 

“La voy a cuidar”

– Caro, juro que voy a cuidar muy bien de nuestra hija-. Y apretando mi mano con la aguja y el suero comencé a recordar. Estas últimas semanas me había sentido mal, tenía una muy fuerte migraña que me había impedido asistir al trabajo, porque tenía que manejar mucho ya que vivía en la ciudad de La Plata. El camino es bastante transitada y se me hizo peligroso. Por eso opté por no ir.

A lo largo de las semanas mi migraña ya no estaba y ese dia fui a trabajar. Se me hizo raro porque olvidé donde había dejado una de las recetas para mis pacientes. creo que alguien solo me había jugado una broma.

Un mes después me di cuenta que estaba perdiendo la memoria. Luego de unos meses me echaron de mi trabajo, mi médico me aconsejó ir con un terapeuta porque lo que tenía aparentaba ser pérdida de memoria por estrés.

Empecé a pasar más tiempo con mi hija, de 5 años, comenzamos a salir y hacer más cosas juntas. Un tiempo después me dijeron que la pérdida de memoria estaba avanzando. Ya no recordaba mucho. Con mi esposo volvimos a ir al Río de La Plata como solíamos hacer cuando éramos jóvenes y él después de mucho tiempo volvió a decirme:

  • ¿Me amas?
  • Tanto como para llenar los 290 kilómetros de este río-. Le contesté como cuando solíamos venir. Mi memoria empezó a disminuir al punto de no saber qué responder a la antigua pregunta de mi esposo.

Con el pasar del tiempo tenía muy vagos recuerdos del pasado, ya no recordaba dónde dejaba las cosas, las canillas de agua quedaban abiertas. Hasta que un día dejé la llave del gas abierto. Por suerte solo yo estaba en la casa. Cuando mi esposo llegó me cargó en el auto. Lo último que recuerdo es a mi marido con mi hija en brazos, diciéndome que la iba a cuidar muy bien. Apreté mi mano con la aguja y el suero, ya no había nada más.

Guadalupe Saavedra. Segundo Año.

   

Un lugar en el mundo

Lugar: Londres.

Historia 1: Noche en Londres.

Oscuro, ve oscuro.

Sonidos de autos; luces; bocinas.

Abre los ojos. El cielo de la noche se extiende por su campo visual, las estrellas no se ven, porque las luces de la ciudad las opacan.

Un auto lo sobresalta, su bocina con un sonido alarmante. Divisa el auto, frente a él, hace un movimiento rápido y pasa a su lado, rozándolo.

El susto lo despierta y gira hacia la vereda donde la gente se acumula: se encontraba en la calle, en el medio, donde los autos circulaban.

La corriente humana lo tira para un lado, el rueda por la vereda húmeda a causa de una reciente lluvia, la gente no lo ve al pasar, muy concentrados en su propia mente.

Intenta levantarse, una mujer cargada de bolsas de marcas de ropa tropieza con él y le grita uno que otro insulto en inglés y sigue caminando, refunfuñando algo.

Entre el gentío logra levantarse y camina en contra de las personas, despertando gritos por cada vez que choca o tropieza con alguien. Una vieja le encaja su bolso en el estómago, un niño pequeño se tira una pelotita de goma que rebota por el suelo y se pierde entre los pies del gentío.

El estómago le gruñe: tiene hambre.

No reconoce las tiendas y solo busca la que más se parezca a un supermercado, a su parecer. Encuentra uno que llama su atención y entra. Estanterías gigantes con ropa y zapatos es lo único que encuentra, no ve comida, pero busca entre la tela por si encuentra algo. Revuelve remeras, pantalones, sacos y gorros. No sabe cuánto tiempo lleva allí, se marea, se pierde. Camina de forma tambaleante buscando comida pero nota que la idea de comer tela no es tanto una locura. Llega a un estante y mueve la ropa que se acumula, sólo un chirrido y todo se va al suelo. Y no sólo ese estante, toda la tienda se cae como un dominó gigante. Las personas que se encuentran en la tienda solo giran la cabeza y le comienzan a lanzar lo primero que tienen a mano, insultándolo. Él solo sale corriendo, con zapatos golpeándole la espalda.

Las luces de la ciudad lo vuelven a envolver, las veredas blancas y la marea de gente. Pero no está en el mismo lugar que se encontraba antes, los gritos de la tienda ya no se escuchan, ni siquiera al girar la cabeza ve el negocio en el que había ingresado.

Un puente y un cuerpo de agua se encuentra al frente, lleno de gente y flashes saliendo de sus respectivas cámaras para guardar un momento. La marea lo vuelve a llevar y cree que ya no da más. Una torre de reloj gigante asoma entre los árboles, una especie de “vuelta al mundo” iluminada se ve a lo lejos y unos barcos navegan por el agua, a unos metros debajo del puente. La gente lo lleva a cruzar el mismo, entre las personas que se sacan fotos y los que hablan en inglés por teléfono. Las luces lo siguen rodeando e iluminan todo a su alrededor. Al pasar el puente divisa un mercado, pequeño, pero un mercado. Corre llevándose varios indultos con él, y algunos golpes leves que intenta esquivar. Su corbata deshecha vuela detrás de él y la camisa amarillenta y húmeda se le pega al cuerpo, helada.

Consigue llegar a la puerta, pero cuando toma el picaporte y entra se encuentra con que está tirado en la calle, y una luz y sonidos de autos los invaden. Mira al cielo de la noche, donde las estrellas son opacadas por las luces.

 

Historia 2: El hombre que balanceaba los píes sentado en el London Bridge.

Una brisa fría soplaba en el London Bridge, el cielo pintado comúnmente gris, la gente y los autos cruzaban de un lado a otro como siempre. Un hombre de traje desaliñado caminaba cabizbajo de forma perezosa por el costado del puente. Corbata mal hecha, pantalones que se notaban que le quedaban algo largos, camisa arrugada y mal acomodada (tenía los botones mal puestos), el saco polvoriento, la postura inclinada más para la izquierda donde sostenía un maletín de cuero viejo y rajado, el pelo con necesidad de un buen corte despeinado y la piel algo arrugada y sin color. No era nadie especial. De momento.

El sujeto caminó hasta pasar algo más de la mitad del puente. Se detuvo. Manteniendo esa posición perezosa. Despacio, giró para mirar el agua que se extendía metros más abajo. Los ojos tristes mostraron un destello en sus pupilas y una pequeña sonrisa dejó mostrar unos dientes blancos.

En un abrir y cerrar de ojos, el hombre había saltado al barandal, balanceando los pies para adelante y para atrás como un niño pequeño. Las manos se mantuvieron un momento en la baranda para después entrelazarse entre ellas con el maletín entre los dedos. Su postura no había cambiado, manteniendo los hombros agachados y la espalda jorobada.

Una mujer hablando por su celular se detuvo al ver al hombre, después, una pareja de viejitos, después, unos niños que correteaban con su niñera, después, un empresario, y así, más y más gente se detenía para mirar al hombre que balanceaba los pies sentado en la baranda del London Bridge, dejando un medio círculo que los separaba del loco.

Nadie le gritaba, o lo intentaba bajar de allí, solo lo veían balancear los pies mientras cortaba el silencio que había formado la multitud con un tarareo de alguna canción infantil.

A las cuatro de la tarde la canción dejo de sonar, la sonrisa del hombre desapareció, al igual que el destello de sus ojos. Poco a poco, fue bajándose de la baranda y comenzó a avanzar el tramo que le había quedado para llegar al otro lado del puente. La gente se corrió a un costado, como hacen las multitudes cuando alguien importante camina entre ellos en las películas. En silencio, vieron llegar al hombre al otro lado del puente, encorvado, con ropas desaliñadas y maletín viejo. Arrastraba los pies.

La gente fue despertándose de esa especie de hipnotización que los había dejado viendo al hombre por horas. Cada uno se fue por su lado; pensando que solo había sido una situación extraña en un día extraño.

Al otro día, cuando los relojes dieron aproximadamente la una de la tarde, un hombre de ropas desaliñadas caminaba cabizbajo por el London Bridge. Corbata mal hecha, pantalones que se notaban que le quedaban algo largos, camisa arrugada y mal acomodada (seguía teniendo los botones mal puestos), el saco polvoriento, la postura inclinada más para la izquierda donde sostenía un maletín de cuero viejo y rajado, el pelo con necesidad de un buen corte despeinado y la piel algo arrugada y sin color. Todavía no era nadie especial. De momento.

Se paró unos metros después de pasar la mitad del puente, después de unos segundos, giró el cuerpo para mirar el infinito océano que se extendía a sus pies. Un destello asomó por sus ojos y una sonrisa se dibujó en sus labio, dándole una expresión infantil. Habilidosamente, saltó a la baranda del puente; balanceando los pies para adelante y para atrás. Las manos se unieron sosteniendo el maletín.

Una mujer hablando por el celular se detuvo al verlo, después, fue una pareja de viejitos, después, unos niños que correteaban con su niñera, después, un empresario, y así, más y más gente se detenía para ver al hombre que balanceaba los pies sentado en la baranda del London Bridge.

Nadie le gritaba o intentaba sacarlo de allí. Solo observaban hipnotizados mientras el hombre tarareaba una canción infantil. Algunos habían sacado sus celulares y grababan al hombre o le sacaban fotos que después subirían a Instagram, Snapchat, Twitter o cualquier otra red social. Mantenía el espacio entre el hombre, dejando un medio círculo de unos dos metros.

Cuando se hicieron las cuatro, el hombre se bajó tristemente de la baranda y caminó el tramo que le quedaba para cruzar el puente. Al poco rato, la multitud hizo lo mismo.

Los días pasaron y se repitieron durante toda una semana. La noticias explotaban del hombre que balanceaba los pies sentado en la baranda del London Bridge. La gente posteaba por todos lados teorías o novedades sobre el tema. Se hicieron blogs, hashtags, videos e investigaciones sobre este hombre que todos los días miraba al océano desde la baranda del London Bridge a partir de la una del la tarde hasta las cuatro.

Más y más gente se reunía a esa hora para ir a verlo tararear y balancear los pies. Nadie entendía porque se reunían todos allí, o quién era él, o por qué nadie le había hablado todavía. Parecían estar bajo algún hechizo, algo en ese momento no era normal.

Los diarios y noticieros también pasaron la novedad, periodistas contaban que habían acudido al encuentro con la idea de poder hablar con el sujeto, pero se habían quedado paralizados hasta que el hombre desapareció por el otro lado del puente y ya no les dieron ganas de perseguirlo.

El mundo entero se visitaba el lugar para poder ver al famoso hombre desaliñado que balanceaba los pies sentado en la baranda del London Bridge. Era la nueva atracción del momento, la noticia inexplicable.

Meses pasaron hasta que algo sucedió. El mundo volvía a quedar paralizado por el tarareo del hombre, dejando su espacio y las cámaras apuntando a él. A la cuatro, el tarareo paró y la sonrisa del sujeto se borró. Lentamente se bajó de la baranda y arrastró los pies mientras terminaba el tramo que le quedaba para llegar al otro lado del puente. Algo ese día cambió. Una voz sonó entre el silencio:

— ¿Cuál es el sentido de venir todos los días aquí?

El hombre dejó de arrastrar los pies y giró la cabeza, como si recién se hubiese dado cuenta de que todo el mundo estaba detrás de él.

— Me gusta ver el océano.

Y así siguió caminando hasta llegar al otro lado del puente, dejando a todos sin habla.

Como siempre.

Ana Inés Segura. Tercer año. Texto inspirado en un sitio del mundo.

 

Invasión alienígena

Capítulo 1: La invasión

Era un día muy soleado en Londres, Los pájaros cantaban, el sol brillaba, hacía mucho calor, y José, un hombre de alta estatura, ojos marrones y pelo negro, estaba con su esposa y su hija paseando por la ciudad. Su esposa era una bella mujer de pelo castaño claro,  ojos verdes, de baja estatura, y su hija, de cuatro años, tenía  ojos celestes y pelo rubio.

Ese día hacía 25 grados y ellos estaban por subirse a un barco cuando, de repente, aparece una nave espacial. Medía 7 metros de alto 15 m. de largo, era color verde y gris, tenía nueve ventanas y dos puertas.

José se quedó impresionado, le dijo a su esposa que se vaya con su hija a la casa y él se quedó ahí para ver qué era. Apenas su esposa se fue con su hija, se abrió una puerta y de ahí salió una especie muy rara. Era color verde, media 1 metro 20, tenía tres ojos,  dos brazos con seis dedos cada uno, dos piernas, con cuatro dedos cada una. Los marcianos en los dedos de las manos tenían como un tubo que disparaba un humo tóxico que cualquier humano que lo respirara moriría rápidamente. Toda la gente corría desesperadamente al ver que no sólo salió uno, sino que salieron un montón de marcianos asquerosos que escupían moco.

De repente empezaron a lanzar humo tóxico y José rápidamente salió corriendo y se metió en un negocio, se encerró y se quedó ahí toda la noche.

 

Capítulo 2: Contraataque

Ya era de día, José salió para ver lo que había pasado. Ya no había nadie, lo único que se podía ver era Londres destruido. Él decidió irse a su casa con su hija y su esposa, cuando, de repente viene otra nave espacial, y empiezan a salir marcianos. Ellos empezaron a tirar tiros para todos lados. Voltearon todos los edificios y casas. José salió corriendo, hizo un pozo y se escondió ahí adentro.

Ese fue el peor momento de su vida, tiros pasaban por arriba de su cabeza, no tenía idea de dónde estaba su familia, estaba desesperado!!!

Se hizo de noche, no se veía nada, entonces  decide salir. No sabía qué hacer, no sabía si salir corriendo, si hacer algo al respecto si quedarse ahí por las dudas de que vengan más marcianos, si combatirlos, no sabía qué hacer!!!

José empieza caminar, no sabía dónde iba, caminó y caminó hasta que se encontró con una casa que estaba en las afueras de Londres. Tocó la puerta, le abrió una señora de pelo negro, aparentaba tener alrededor de 40 años. La señora le dijo  si quería entrar y pasar la noche. José aceptó.

En la casa estaba el marido de Ana, la señora.

Era un hombre de pelo claro, ojos verdes y de baja estatura y unos unos 45 años, más o menos,llamado Martín. Tenían una hija de 13 años, de pelo claro, y ojos celestes.

Mientras estaban comiendo, José le dice Martín, el hombre de la casa, si quería ayudarlo a combatir a los marcianos. Le dijo  que sí,  que tenía algunas armas para matarlos. Se quedaron toda la noche planeando todo lo que iban a hacer, como los iban a combatir. Iba a ser muy difícil que dos personas  maten a todos los marcianos, aparte iban llegando cada vez más a la tierra.

Lo primero que iban a hacer era buscar más personas, porque dos eran muy pocos.

Van a la casa del vecino y le preguntan si quería combatir a los marcianos.Les dice que sí, el hombre era una persona fría, de ojos marrones oscuros, pelo oscuro y de muy alta estatura, se llama Mauricio.

Él dijo si querían pasar a su casa, porque  tenía muchas armas y cosas para combatirlos.

Pasaron a su casa, agarraron todo y se fueron a buscar a una persona más. Para eso fueron a la casa del hermano de José, él era un hombre muy cariñoso, de ojos claros y pelo claro.

Una vez en la casa, tocaron la puerta, no abría nadie, volvieron a tocar, y de repente ven que se abre la puerta, era la hija de Javier, el hermano de José. La hija se llamaba Martina, era una chica de ocho años.

Una vez dentro empezaron hablar con Javier, le dijeron si quería ir a combatir a los marcianos con ellos tres. También dijo que sí. Se quedaron los tres a dormir en la casa de Javier hasta que se hizo de día. Una vez salido el sol, partieron con la aventura.

 

Capítulo 3: La aventura

Ya eran las siete de la mañana, estaban por partir. Ya habían agarrado todas las armas que tenían,  empezaron a caminar y, de repente, arriba de una colina ven a un marciano. Javier le dispara, no pasó nada, le vuelve a disparar, y siente que algo lo toca en la espalda, se da vuelta y no hay nada, sólo estaban José, Mauricio y Martín.

Siguen caminando y escuchan un ruido extraño, miran para todos lados y no ven nada.

Se sentaron a descansar, porque ya hacía horas que habían partido. Ven que muchos  marcianos se pusieron alrededor de ellos.

No sabían qué hacer, los cuatro pensaron que ese sería su fin. Hasta que a Martín se le ocurre salir corriendo. Los marcianos no eran ágiles, ni mucho menos rápidos, empezaron a correr y se fueron a un lugar muy lejos de ahí donde no había nada ni nadie. Mauricio dice que iba ser muy difícil combatirlos, entonces deciden volver cada uno su casa.

José volvió con su mujer y su hija a su casa y le dijo a su esposa que no los habían podido combatir, eran muchos y muy peligrosos. Su esposa le dijo que no pasaba nada, que ya alguien los iba a combatir.

10 días después, un día muy lluvioso, José sale a caminar por las calles de Londres. Lo único que se podía ver eran escombros, todas las casas destruidas y las veredas rotas, no había nadie, todas las personas se habían ido a vivir a otro lado, Londres estaba arruinado, se podían ver los cuerpos muertos de los marcianos, él no sabía por qué se habían muerto, pero era porque como llovía y había agua, los marcianos caían muertos por no estar acostumbrados al agua. En su planeta no hay.

Cuando todos murieron salió en los diarios que hubo una invasión alienígena, que habían derrumbado todo, que todos los que vivían en Londres se habían ido a vivir a otro país.

Al año siguiente, todo volvió normalidad, las casas estaban como antes, las personas volvieron a su ciudad, Londres ya era lindo como antes, y todas las personas vivieron felices.

Inés Rapela. Segundo año

Inspirado en La Guerra de los Mundos.

 

Mi gran postre

Mi gran postre es tan pero tan rico que expresa sentimientos únicos. Cuando lo comes se deshace en la boca. En los concursos de cocina siempre gano yo, porque a mi gran postre no lo supera nadie.

Un día le pase la receta a una amiga mía. Creo que fue un mal error, un gravísimo error. Mi amiga hizo la receta y le quedo tan bien que era igual a la mía, a pesar de que yo tenía un ingrediente secreto para que quedara mejor que en la receta.


Un día se abrió un concurso de cocina y yo, como siempre gano, fui. Dentro del concurso estaba mi amiga, con mi misma receta de mi gran postre de sentimientos únicos. Llegó el momento de que el jurado fuera y probará nuestros grandísimos postres que obviamente eran los mejores.

El jurado discutió un montón de tiempo hasta que se decidió por qué postre iba a ganar. Dijo que la ganadora del concurso era yo, aunque mi amiga tuviera la misma receta del gran postre . Mi amiga no sabía cómo eso había sucedido si teníamos la misma receta, los mismos ingredientes, todo.
Bueno, después de lo ocurrido mi amiga estaba enojada conmigo por haber ganado el concurso y me preguntó qué era lo que había hecho para ganar. Yo le dije que los ingredientes secretos de grandes cocineros no se revelan y mi gran postre volvió a ser mío. Nunca dejó de ser mío.

Lourdes Severino. Primer año.

Cuento inspirado en una comida.

Malvinas: intercambio epistolar

15 de abril del 2017

Sr Veterano de guerra:

Me comunico contigo porque soy un periodista argentino. Mi nombre es Emanuel Rodríguez y me gustaría conocer las historias de vida de los veteranos ingleses de la guerra de las Malvinas.

Seguramente podrás ayudarme en la investigación, relatando vuestras vivencias durante los días de la guerra del Atlántico Sur.

Espero tu respuesta pronto. Saludos.

Apri 20th

Dear sir.

I have received your letter and I am very interested in telling l you about my story in the Falkland Island.

My name is John Smith and I was in the Falklands for 3 weeks. I was a pilot of a plane called Sea Harrier. I travelled from England in a ship named Invencible. It was the biggest and it had powerful guns.

My squad was the first. We made a lot of missions of recognition when we arrived to the island. We saw the Argentinian soldiers in their camps.

I remember that I did a mission of bombshell over the airport. I was very afraid and I hopped that the bombs didn’t kill anyone. I saw the airport destroyed but I don’t know if someone died.

One day, the Argentine planes  attacked my squad and the Royal Navy. It was a surprise attack. I defended the position and tried to help to other soldiers. It was a disaster. Some friends died. I was flying my Sea Harrier but an Argentine aeroplane caught me and destroyed my plane. I could eject from the aeroplane. It was burning.

Then other English squad rescued me. Then I come back to Great Britain because I was injured.

The war was terrible. It Is a very bad memory.

25 de abril del 2017

Estimado John:

Gracias por tu respuesta, ha sido una historia muy emocionante. La utilizaré para relatar las vivencias de la guerra de Malvinas. También fue una guerra horrible para los soldados argentinos.

Ellos me relataron historias tan terribles como la tuya. Perdieron a muchos amigos y compañeros en los combates.

Muchos volvieron heridos y algunos hasta fueron mal recibidos al regresar a sus ciudades.

Ahora todos los recordamos como héroes de la patria. Pero los que vivieron esas semanas tienen muy malos recuerdos. Todos queremos mantener la paz.

Espero que estes bien y ya nos comunicaremos. Trabajo en el diario Clarín y planeamos visitar Gran Bretaña junto a un veterano argentino.

April 30th

Dear Emanuel::

You will be welcomed. I’ll be very happy to know the Argentinian veteran.  Good luck in the newspaper. Best regards.

Juan Francisco Urig y Jeremías Cogo (2do año).

Proyecto inteareal Taller de Newsletter y Literatura Inglesa.